
¿Por qué me miras de esa manera? No quiero que me mires...
sí, sí quiero que me mires, como todos lo hacen...
No, no como todos lo hacen, quiero que me mires como tú me miras sólo así me gusta que me mires...
pero quiero que cambies de ojos...
no, no quiero que cambies de ojos, ese color me encanta, son transparentemente azules, difícilmente ojos tan hermosos me han mirado, pero ¿por qué?
¿Por qué me miras de esa manera? Mírame como quieras, también de esa manera, asesina mis secretos, destruye la absurda reproducción de mis lágrimas que parecen roedores en apareamiento...
pero no, no destruyas mis lágrimas, házme llorar, es una suplica desesperada, haz que se reproduzcan por penúltima vez, sí, la penúltima vez, este día en que por vez primera sonreíste, me sonreíste a mi, y no conoces mi nombre, ni mis traumas que no son otros que el sufrimiento que no existe...
pero, un momento, sí existe, existe, insisto en ello...
¿por qué sonreíste de esa manera? No me sonrías, no de esa manera, quiero sonrisas sutiles, pero la tuya... la tuya es hermosa
sí, quiero que me sonrías de esa y otras maneras, sonríe y haz que me sonroje hasta perder la razón y el sentido de lo que me circunda, sonríe como burlándote, sonríe como admirándome, sonríe como deseándome, sólo no dejes de sonreír, no a mi, así me aniquile la belleza de tu inefable rostro, así mis ojos empequeñezcan más y más a cada instante hasta desaparecer por completo en la psicodelia de tus párpados abiertos para siempre...
imagino las noches en que duermes, infelices, sometidas a la autocontemplación de su melancólica eternidad, tu egoísmo es infinito y te juzgan por querer sobrevivir y no aportar la extrañeza que se apodera de tu visión a la mundana diversión de los idiotas, al exigente público nocturno, eres el espectáculo más hermoso de la naturaleza y pagaría mil ochoscientas veces por contemplar tu rostro 5 minutos al día, por despertar en tus labios sonrisas tan explícitas como la primera, por suscitar en tus manos el temblor que siento cuando me posees con tu mirada... te encerraría en una gran prisión, no saldríamos de ella nunca, no diríamos nada, tú en un extremo, yo en el otro, contemplándonos libremente... liberándonos contemplativamente...
Háblame, no, no me hables, no quiero que me hables...
pero ¿ya lo hiciste?, sí, ya conozco tu voz, una sola palabra la noche en que tropezamos, qué ironía que antes de conocernos ya me estés pidiendo “perdón”, tienes una dulce voz, equivalente a tu rostro, no podría esperar menos de tu voz, ni de tu mirada cuando dijiste “perdón”, qué despacio y suave lo dijiste, lo sentí como una caricia a mis oídos, ese “perdón” parecía tan inocente, decía “mírame, aquí estoy... aquí estamos, vaya coincidencia”... ahí estabas, fue una mirada corta, no como las otras que se eternizaban hasta el punto de idiotizarme y hacerme desvariar, hasta el punto en que mi rostro se sentía comprimir e intercalar una gama indefinida de colores...
¿fui yo quién sonrió? No, fuiste tú, fui yo, pero tú empezaste, ¿o lo hice yo?...
Créeme que si yo lo hice fue absolutamente inconsciente de que lo hacía, no imagino cómo sobreviví a la cercanía de tus ojos...
sentí temor, siento que me descubres rápidamente, es como si escudriñaras en mi existencia, en mi pasado, en mi presente...
no debiste sonreír, antes pensaba en tus ojos, sólo ellos me miraban y me sorprendían, ahora es tu sonrisa y el brillo sempiterno de tus ojos, pues difícilmente morirá con tu cuerpo, ahora pienso en tus labios, en todo tu rostro, si no hubieras sonreído...
si tan solo yo no lo hubiera hecho...
pero, ¿lo hice? No recuerdo, maldita memoria, no logro dilucidar ese momento, sólo te recuerdo a ti sonriendo de esa manera tan... tan inexplicable... sería más fácil continuar con mi incipiente cobardía si no lo hubieras hecho, todo pensamiento respecto a ti estaría estancado en mi vida, como todo en mi vida se estanca rápidamente, ahora sólo debemos avanzar o retroceder y no quiero hacerlo, sólo quería contemplar el más bello rostro que existe en mi memoria, sólo eso, no más... hiciste trampa, no debiste sonreír...Quisiera odiarte, pero no te conozco, mi odio es demasiado exclusivo para ofrecértelo de buenas a primeras, debes disculparme pero, no lo mereces aun... por ahora, sólo mis ojos y mis imperceptibles sonrisas te pertenecen, sólo a ti... aunque, insisto, NO DEBISTE SONREIR...